Los medios de comunicación; jueces y verdugos en las campañas electorales.

Mentira es que vivamos en una sociedad polarizada, contrario de lo que piensan los políticos la ciudadanía no tiene un pensamiento partidista ¿Cuántas mamás conocen que sean 100% PRDistas? ¿Cuántos aficionados siguen al PAN como siguen al América? Si bien es cierto que los enfrentamientos derecha-izquierda siguen existiendo, los bandos son cada día menos claros.


Al no tener una posición firme, el voto puede variar de un momento a otro, cambiando principalmente por cuestiones emocionales. Aparte sumemos que nos encontramos en una época de baja lucha por idealismos y una pérdida del interés revolucionario (características de la posmodernidad) por lo cual delegamos a otros en gran manera la responsabilidad de elección.


Aquí es donde entran los medios como jueces y verdugos. Ya que pertenecemos a una sociedad del espectáculo, los medios de comunicación son los creadores de los nuevos líderes de opinión, en ellos confiamos y a ellos les creemos. Se crea un vínculo afectivo a través del cual cedemos parte de nuestra toma de decisiones. No estoy hablando sólo de aquellos periodistas duchos en el tema como Carlos Loret de Mola, Denise Maerker o Victor Trujillo, hablo de todos los líderes de medios, desde “El Perro” Bermudez hasta Mariano Osorio, de “Pepillo” Origel hasta Carmen Salinas. Su opinión y posición será de gran importancia pues en ellos recae un fuerte convencimiento indirecto de masas, no subestimemos los halagos y críticas que los medios darán a los presidenciables.





¡SE VENDE PRESIDENTE!


Los nuevos líderes posmodernos


(Fragmento del ensayo "Marketing electoral en tiempos posmodernos. Campaña publicitaria Obama 08" Autoría propia)

La postmodernidad, como fenómeno social, cultural, artístico y filosófico ha estado presente en la vida de los hombres durante las últimas tres décadas. Desde finales de los años 70 hasta nuestros días, el modo de pensar y actuar del ser humano ha cambiado, afectando a nuestro entorno y sucesos presentes.


Después de observar los desafortunados efectos socioeconómicos a nivel mundial, compartimos la idea de que la modernidad fracasó en su intento de reforma a través de la razón como norma social. La cultura moderna se identificaba por su exigencia al progreso, a la metodología y al desarrollo lineal futurizando tiempos de bonanza. La postmodernidad plantea que dichos argumentos son ineficientes en un sistema multimediático y multicultural. Ya no hay maneras correctas de hacer las cosas ni esperanzas a largo plazo, nos radicalizamos con la intensión de lograr beneficios al instante, en la búsqueda de un inmediatismo de resultados.


Dejamos atrás a los personajes con experiencia y les otorgamos principal opinión a las figuras que están en boga. Nuestros líderes en la mayoría de las ramas dejan de ser los hombres con mayor carga de años laborando en cierta actividad, ahora son adultos jóvenes que representan cambios, fuerza y renovación de métodos. Sus argumentos de convencimiento no son racionales, eso aburre y da aires de antigüedad, por ende, de equivocación, ahora se persuade a través de las emociones, del carisma y de la posibilidad de entretenernos. El humor y la espontaneidad son características indispensables de los nuevos ídolos que con ellas seducen y acercan a los individuos. Estas razones ayudan que en la actualidad los medios masivos y de mercadeo se hayan convertido en los principales centros de poder, dotando a la publicidad, una de sus principales herramientas, no simplemente como un medio de transmisión de mensajes, sino como un camino idóneo para la convicción ideológica.


¡Se vende Presidente!